Índice del libro
- Ojos de espanto en la oscuridad
- Las aventuras de Panguito
- El monte del chullachaqui
- El retrato
- Sordera
- Abicho y el legado del chullachaqui
- Chullachaqui y su pasado
- Crónica de un sueño mojado
- La Maldición
- El deseo del chullachaqui
- El buen roba niños
- La reina de los chullachaquis
- Chullachaqui, “hombrecillo misterioso”
- Paco y el chullachaqui
- Las Aventuras de José y Chullachaquito
- Chullachaqui amigo
- Por la ruta a Yurimaguas
- El chullachaqui solterón
- El chullachaqui chanchero
- La chacra del “Tío”
- Semblanza del chullachaqui
El deseo del chullachaqui
Hace mucho tiempo, en un hogar lindo y acogedor alejado de la ciudad, un lugar donde la belleza natural se hace cómplice de la vida tradicional y de las actividades domésticas del campo, a orillas del majestuoso río Huallaga, vivía Milkita, una niña con una dulce mirada y un rostro que emanaba ternura. Tenía aproximadamente 7 añitos. Una mañana soleada salió acompañada de su mamá rumbo a su chacrita; se iban a cosechar los frutos que meses atrás habían sembrado para ser vendidos en las afueras del lugar donde vivían. Cogieron muchas frutas, y a la vez sembraron su maicito, porque ya se aproximaba la fiesta de San Juan y necesitaban platita para preparar sus ricos juanes. Su mamá, quien tenía los ojos claros, se dedicaba a los quehaceres del hogar y la siembra de sus frutos, al igual que su papá, don Lalo, así se llamaba; él era muy chamba y le gustaba vivir en paz. Ese día, al parecer el más hermoso de todos, mientras cogían el puspucho, Milkita, atraída por un ruidito, se alejó de su mamá.
Aproximándose al arbusto notó algo extraño para su vista, una persona pequeñita, ashishita, como dijera mi abuelita. Iba acercándose, cuando: “¡Uh, sorpresa! ¿Cómo te llamas?”, escuchó una vocecita. “¡Milkita!”, le respondió ella. “¡Oh! ¡Qué bello!”.
El personaje tenía las orejas puntiagudas, las piernas desiguales, pero la piel era de color canela. Después de una charla muy larga se escuchó una voz: “¡Milka! ¡Milkitaaa!”. La niña, al escuchar que la llamaban se fue corriendo por el shapajal, diciendo al ser extraño: “¡chauuuu!”. Y desapareció ante la mirada atenta de esa personita.
Así pasaron los años; la familia vivía muy feliz junto a los abuelos, sus tíos y sus primos, en un ambiente tranquilo, sereno. ¿Pero qué pasó con Milkita desde aquella vez que se cruzó con ese personaje al cual nunca más volvió a ver? ¿Sería solo su imaginación? ¿Acaso era un duendecillo, un ser mitológico?, se preguntaba. A sus 15 años de vida, Milka pensaba como toda una adulta.