Índice del libro
- Ojos de espanto en la oscuridad
- Las aventuras de Panguito
- El monte del chullachaqui
- El retrato
- Sordera
- Abicho y el legado del chullachaqui
- Chullachaqui y su pasado
- Crónica de un sueño mojado
- La Maldición
- El deseo del chullachaqui
- El buen roba niños
- La reina de los chullachaquis
- Chullachaqui, “hombrecillo misterioso”
- Paco y el chullachaqui
- Las Aventuras de José y Chullachaquito
- Chullachaqui amigo
- Por la ruta a Yurimaguas
- El chullachaqui solterón
- El chullachaqui chanchero
- La chacra del “Tío”
- Semblanza del chullachaqui
―Si te respondo, ¿no te vas asustar?
―Cómo crees, ni que fueras el chullachaqui.
Una risita burlona se escuchó. Entonces Milka sintió un poco de miedo, el personaje misterioso pidió la palabra y se manifestó de la siguiente manera:
―Bueno, señorita, mi nombre es chullachaqui, soy el amo y señor de este bosque, a mí me debes respeto. Todo lo que miras aquí me pertenece.
Milka sintió un estruendo en todo su cuerpo, un frío que nunca había sentido; no podía creerlo, ¿acaso se trataba de aquel hombre que se burlaba de los cazadores, que se transformaba en algún familiar, que les hacía perder en el bosque y volvían enfermos después de tanto tiempo perdidos? Se quedó congelada, pálida. El chullachaqui, al ver la impresión de la chica se rió.
―Seguramente te acordaste de todas esas cosas que los de tu especie cuentan, que yo soy el malo, el terrible, ¿no? Sabía que esto pasaría.
Después de un minuto de silencio Milka sonrió y dijo:
―¡Sí! ¡Qué bien! Me siento orgullosa de estar conversando con el rey, ah, perdón, el dueño del bosque; ah, y me olvidaba que aquellas historias solo son fantasías para llamar la atención ―en ese momento intentó tomar un hoja de matico y toda la planta se secó, intentó de nuevo y nada ―. ¡Qué pasa! Pero hace un momento, no entiendo… ―vociferó.
―Ya ves ―dijo el chullachaqui ―hace un rato te dije que todo aquí es mío, así que por favor, lo que quieras me tendrás que pedir. Yo no soy ese ser que tanto miedo le tienen; aquel ya murió y yo quedé heredero de toda esta fauna y flora, de todo lo que observas. ¡Ya se te hace tarde! Tu papá estará agonizando, pídeme, verás que no será difícil.
―Está bien, me puedes dar por favor...
―Coge ―le dijo, y con una voz suave desapareció diciendo―: Aquel que mata lo que es mío, mañana más tarde todo lo que tenía en abundancia lo perderá ―y de esa forma Milka pudo tener entre sus manos el matico y la malva que le hacía mucha falta para que su papá pudiera curarse.