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Índice del libro

Agradeciendo a su amigo el chullachaqui, se fue corriendo.

―¡Mami, mami! ¡Aquí está! ―todos los familiares estaban preocupados por la salud de Lalito, pues tenía una fuerte infección. Milka se preguntó: “nadie se percató de mi ausencia, qué raro”. Milka veía que su papá no se recuperaba; después de un buen tiempo despierta se quedó dormida y en su sueño el chullachaqui le dijo: “¡Pídemelo, y tu papá se sanará! Pero mañana a las 7:00 de la mañana tienes que venir, si es que deseas de todo corazón la mejoría de tu papá. No debes decirle a nadie”. La chica despertó asustada y de un brinco, sin dudar, se alistó para ir a la cita.

Milka no sabía cómo decírselo a su mamá, entonces la única opción era engañar.

―¡Mami, tengo que ir a una excursión en el colegio, es mi último examen final! ―le dijo.

―Está bien, hija, pero ve con cuidado, haz caso y nunca te alejes de tus profesores, cuídate.

La señorita se alistó rumbo a la supuesta excursión.

Así se fue Milkita al lugar donde el chullachaqui le citó, y vaya que allí le encontró sentadito en un árbol de cetico. La señorita, al verlo, se emocionó porque pensó que todo su sueño no era una broma.

―¿Por qué me hablaste a través del sueño? ¿Por qué no fuiste a verme en mi casa? ―le preguntó.

―No puedo, porque solo tú me puedes ver, porque tu inquietud hizo que me conocieras; me presenté ante ti cuando tenías 7 años.

―Ah, ya ―dijo Milka―. ¡Claro que me acuerdo! ―Recordó que tenía que buscar la medicina de su papito, y le dijo: ―Amigo, en mi sueño me prometiste el remedio para mi papi; la verdad es que lo necesito.

―Cierto ―acentuó este―; pero para eso tenemos que recorrer un largo camino y enseñarte todo lo que quiero que hagas por mí. ¿Sabes que el remedio te va costar? Pero vamos ―insistió el chullachaqui.

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