Índice del libro
- Ojos de espanto en la oscuridad
- Las aventuras de Panguito
- El monte del chullachaqui
- El retrato
- Sordera
- Abicho y el legado del chullachaqui
- Chullachaqui y su pasado
- Crónica de un sueño mojado
- La Maldición
- El deseo del chullachaqui
- El buen roba niños
- La reina de los chullachaquis
- Chullachaqui, “hombrecillo misterioso”
- Paco y el chullachaqui
- Las Aventuras de José y Chullachaquito
- Chullachaqui amigo
- Por la ruta a Yurimaguas
- El chullachaqui solterón
- El chullachaqui chanchero
- La chacra del “Tío”
- Semblanza del chullachaqui
Milka se preguntaba “qué debe querer este chullachaqui. ¡Ah!, seguro quiere que sea su esposa, o que me venga a mudar con toda mi familia a este lugar, ¿qué hago?”.
―El viaje va a durar mucho tiempo y mi papito se morirá, tengo miedo por eso.
―Tranquila, muchacha, no pretendo enamorarte porque no eres de mi tipo; tampoco quiero que te mudes con toda tu familia, no somos iguales, tu realidad es otra y yo vivo en la profundidad del bosque, por tanto tenemos dos vidas distintas ―la sorprendió el chullachaqui.
Mientras iban caminando cruzaron una hermosa quebrada con bellas flores; había alrededor animales de todo tipo: añujes, sajinos, sachavacas, venados… Milka quedó maravillada al ver tanta belleza. Entonces preguntó:
―¿Qué quieres que haga por ti?
―Quiero que enseñes a los de tu especie a cuidar este bosque que les da vida, que se está muriendo; bosque al que mis antepasados, para protegerlo, tenían que engañar, transformarse, para que tus congéneres comprendan que no todo en la vida es gratis. Yo no quiero hacer eso, porque sé que no me van a entender. Si me acerqué a ti es porque necesito que alguien lleve mi mensaje, y la indicada eres tú, Milkita, ayúdame que no quiero que este bosque se destruya.
El chullachaqui podía comunicarse con los animales y ellos le advirtieron que había cazadores. En ese momento se escuchó un disparo: ¡pum!
―¿Qué es? ―preguntó Milka.
―¡Los cazadores!
Entonces corrieron por el lugar donde se escuchó el disparo y, de verdad, eran unos cazadores que habían atrapado un oso de anteojos, un mono choro de cola amarilla, y un sinnúmero de animales que iban a ser llevados con destinos desconocidos. Estaban en jaulas y eran lastimados cruelmente. Una lágrima rodó por la mejilla del chullachaqui al ver a su familia herida por los hombres.
―Hay que hacer algo ―dijo Milka.
Y el chullachaqui dio un grito: “¡Ajuar!”. Y bastó para que los animales se reunieran, y atacaran como leones cuando cuidan sus cachorros. Los cazadores no tuvieron miedo, empezaron a disparar. Los animalitos se asustaban, Milka se escondió y el chullachaqui se transformó en un inmenso jaguar. Era tan grande que al rugir se estremeció toda la selva. Los cazadores al verlo no dudaron en correr, gritando desesperadamente, esfumándose del lugar para nunca más volver. Mientras tanto el jaguar disminuyó de tamaño porque era el chullachaqui que se estaba transformando. Milka, muy emocionada, corrió a abrazarlo; se sentía feliz por tener un amigo que defendía su selva. Después de tanta alegría se acordaron de la medicina y, como un milagro de Dios, la planta que curaría a su padre estaba justo frente a ellos. El chullachaqui la cogió y le entregó. En un abrir y cerrar de ojos, ya estaba en el mismo lugar donde se encontró con el amigo chullachaqui. Antes de despedirse, él le dijo: