Índice del libro
- Ojos de espanto en la oscuridad
- Las aventuras de Panguito
- El monte del chullachaqui
- El retrato
- Sordera
- Abicho y el legado del chullachaqui
- Chullachaqui y su pasado
- Crónica de un sueño mojado
- La Maldición
- El deseo del chullachaqui
- El buen roba niños
- La reina de los chullachaquis
- Chullachaqui, “hombrecillo misterioso”
- Paco y el chullachaqui
- Las Aventuras de José y Chullachaquito
- Chullachaqui amigo
- Por la ruta a Yurimaguas
- El chullachaqui solterón
- El chullachaqui chanchero
- La chacra del “Tío”
- Semblanza del chullachaqui
José seguía pensando en lo que había ocurrido en su chacra con el hijo del chullachaqui. Llegó a su colegio, saludó a sus profesores, compañeros, y se fue al aula a encontrarse con su mejor amigo, Artidoro, para contarle lo sucedido el sábado anterior. Su amigo se quedó sorprendido al escucharlo; enseguida le dijo que si lo encontraba de nuevo le preguntara si las sirenas existen. José aceptó, “pero estoy confiando en ti porque eres mi mejor amigo”, le advirtió. Llegó el profesor, se sentaron en sus carpetas, todos estaban acomodados. Después de saludar, “para iniciar la clase quisiera que contaran todo lo sucedido en sus vacaciones”, dijo el profesor. Todos empezaron a contar sus experiencias, hasta que le tocó a José: relató sobre sus vacaciones, cómo ayudaba en el bote, y cómo así conoció muchas quebradas y caseríos de Chazuta.
José esperaba la hora de salida ansiosamente, porque se iba a ir al bosque cercano a su casa para poder buscar al hombrecito. Tocaron la campana de salida, esperó a su hermano Vicente que viniese a llevarlo, fue a su casa, saludó a su mamá, se cambió, almorzó rápidamente, y salió. Al llegar al bosque se puso nervioso, silbó, pasaron cinco minutos y al fin se le apareció lo que esperaba. Se emocionó mucho al verlo; el aparecido le dijo nuevamente que era hijo del chullachaqui. “Entonces te llamaré Chullachaquito”, le habló José. “¿Cómo sabes mi nombre?”, le preguntó luego. “Es que te observé algunas veces, cuidas el bosque igual que mi padre, el amo y cuidador de la naturaleza”. José se atrevió a decirle: “Tu padre mató a varias personas. Existen muchos cuentos acerca de él, uno de ellos es que él hace que te pierdas en el bosque para poder comerte”. Chullachaquito le interrumpió diciéndole: “Las historias que escuchas son mentiras, mi padre nunca hace daño a nadie. A veces solo les da una lección a los hombres malos. Por ejemplo a un señor cazador que quería matar a los animales en peligro de extinción, mi padre le dio una advertencia, le dijo que se largara. Desde ese momento el hombre nunca se aparece, seguro habrá sido por el susto. Mi padre siempre en las tardes y noches me viene a ver, además me dijo que me hará practicar para poder ser el próximo cuidador de este bosque”. José se quedó impresionado, enseguida, recordando a su amigo del colegio, le preguntó si las sirenas existían. “Sí existen, son las cuidadoras del río Huallaga. ¿No escuchas historias sobre embarcaciones que se hunden en el río? Las sirenas se ven afectadas cuando botan veneno al río, eso las enfurece. ¡En este río hay más contaminación!”, le contó Chullachaquito. Y siguió: “Cambiando de tema, yo te he buscado para que me ayudes en una pequeña misión que me encargó mi padre”. José preguntó de qué se trataba la misión. “Queremos sacar a unos petroleros de un terreno protegido y habitado por muchos animales, algunos de ellos en peligro de extinción”. José aceptó. Después de explicarle lo que harían, Chullachaquito dijo a José: “¿Quieres conocer la parte alta del bosqué?”. José aceptó, pero él no sabía que iban a irse en aquel momento. Chullachaquito le dijo que cerrara los ojos, luego cuando los abrió, estaban en la punta de un cerro. Llegaron rápido, enseguida el pequeño le enseñó cuáles plantas se utilizaba como remedios naturales, y, también le mostró lo más importante: el árbol guardián. Según Chullachaquito, ese árbol era mágico, tenía secretos que sólo eran revelados al chullachaqui más sabio.