Índice del libro
- Ojos de espanto en la oscuridad
- Las aventuras de Panguito
- El monte del chullachaqui
- El retrato
- Sordera
- Abicho y el legado del chullachaqui
- Chullachaqui y su pasado
- Crónica de un sueño mojado
- La Maldición
- El deseo del chullachaqui
- El buen roba niños
- La reina de los chullachaquis
- Chullachaqui, “hombrecillo misterioso”
- Paco y el chullachaqui
- Las Aventuras de José y Chullachaquito
- Chullachaqui amigo
- Por la ruta a Yurimaguas
- El chullachaqui solterón
- El chullachaqui chanchero
- La chacra del “Tío”
- Semblanza del chullachaqui
Después de regresar a casa a cenar, José se fue a dormir. Por la mañana avanzó al mismo lugar del día anterior. Al rato encontró a su tío dirigiéndose a su “chacra”, y José le dijo que estaba yendo a traer hierba luisa para su mamá. Su tío le dijo: “hijo, ten mucho cuidado, porqué por allí hay petroleros y no les gusta que husmeen”. “Sé cuidarme solo, tío”, le respondió José. Se separaron, José caminó unos metros, pero se detuvo cuando vio a un trabajador venir en sentido contrario. Para evitar ser visto, se lanzó a los arbustos; el trabajador no se percató. José fue tomando notas de todos los movimientos de éste y otros trabajadores que fue localizando. Más tarde llegó a la carretera, vio a su tío Manuel pasar en su caballo y le pidió que le llevara. El tío lo dejó cerca, de ahí José caminó hasta su casa. Llegó a las 12.30. Todos estaban ya comiendo cuando José llegó. “¿Por qué saliste tan temprano? ¿Por qué no avisaste a dónde vas? ¿A dónde te fuiste?”, le interrogaron. Y José respondió: “Mamá, me fui a traer tu hierba luisa y sí te avisé”.
Más tarde salió de su casa al árbol donde estaba su columpio; silbó, pasaron cinco minutos y su pequeño amigo Chullachaquito, de repente apareció feliz. José le contó que se fue a observar el campamento de los petroleros, y Chullachaquito le dijo “yo estaba en el campamento a la hora del almuerzo, pero no me di cuenta que había perros guardianes en aquella zona; yo quería malograr todas las maquinarias, pero solo logré malograr la retroexcavadora y esconder algunos materiales de trabajo. Los trabajadores llegaron a oír los ladridos de los perros guardianes, corrieron y me lograron ver, así que se fueron a buscar sus escopetas para poder dispararme. Ahí me escapé”. José le dijo: “tengo anotado algunos puntos por donde entrar sin ser visto; pero la salida es el problema, pues han aumentado los perros guardianes. Será un poco complicada esta pequeña misión”. José ni imaginaba que aquella misión iba a ser grande. Después de conversar un rato más, Chullachaquito le dijo “el jueves atacaremos”; pero José le hizo notar: “¡hoy es miércoles!”. Chullachaquito ya había desaparecido.