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Índice del libro

Nervioso estaba el chico; se fue a distraerse un rato, a jugar fútbol con sus amigos y allí estaba Artidoro y José no le dijo nada; terminaron de jugar y José se fue a su casa junto con su hermano Vicente, se fueron conversando y de repente observó que en la tarde algunos trabajadores de la petrolera regresaban a sus casas y él dijo: “A esta hora es bueno ir para allá”.

José no durmió mucho porque se ponía nervioso cada vez que pensaba en lo que iban a hacer. Al día siguiente se levantó de la cama, limpió su casa y ayudó a su mamá a preparar el desayuno y el almuerzo. A las 3:40 pm alistó algunas cosas necesarias: un polo, comida y una linterna. A las 4:15, Chullachaquito se le apareció a José mientras estaba afuera de su casa. “Vámonos ya, te tengo una sorpresa”, le dijo. José se fue a decir a su mamá que iba a llegar tarde a casa y su madre le dijo que se cuidara, pero no le preguntó lo que iba a hacer. Y se fue con Chullachaquito; corrieron hasta adentrarse en el bosque, llegaron hasta un árbol gigante donde se podía observar a una gran cantidad de monos, aves y otros animales. “Mira, todos ellos vendrán con nosotros”, le dijo Chullachaquito. En ese instante apareció el chullachaqui padre. “Hijo, me impresiona lo que harás, pero pediré ayuda a los apus protectores”, le dijo. “Ya me tengo que ir, estoy orgulloso de ti”. Y se fue. José se quedó sorprendido porque por primera vez vio al chullachaqui.

Armaron todo lo que iban a hacer y emprendieron la marcha hacia el campamento. Primero volaron las aves, luego avanzaron los otros animales. De pronto empezó la lluvia y los trabajadores que arreglaban la retroexcavadora decidieron protegerse del agua. Cuando al rato volvieron al trabajo, se percataron cómo venían muchos monos, desde el más pequeño al más grande; con ellos estaba Chullachaquito. Los monos hicieron grandes destrozos; en represalia, los trabajadores trajeron sus armas. Y empezó una verdadera batalla. Al instante los tigrillos vinieron cautelosamente, por entre los árboles. José estaba en el lomo de uno de ellos. Hasta los árboles lanzaban sus lianas y atrapaban a algunos trabajadores o a sus armas. El ejército de Chullachquito hasta el momento ya había logrado dañar cuatro maquinarias. José corrió hacia el panel controlador de la luz, pero antes de llegar le cayeron dos perdigones perdidos, en el brazo y la pierna. Igual llegó a tocar el botón para que las luces se apagaran. Los trabajadores asustados, empezaron a correr junto a los perros. El dueño se fue en carro y todos los animales le siguieron hasta conseguir pararlo. Chullachaquito le dijo: “Te advierto que si vuelves, será peor de lo que hicimos”. El dueño se fue asustado. Chullachaquito y los demás animales regresaron al campamento y vieron a José que estaba sangrando. “Hay que llevarlo rápido al árbol guardián”, ordenó. Esas fueron las últimas palabras que José escuchó de Chullachaquito.

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