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Índice del libro

Por la ruta a Yurimaguas

Cuando niño, escuchaba constantemente decir a mi abuelo “Fransho Barba”: “Tengo más de cuarenta viajes a la ciudad de Yurimaguas”. Cuando lo decía, dejaba notar en su rostro una inmensa nostalgia, ya que contaba con más de 83 años sin la energía suficiente como para seguir viviendo esas aventuras que tantas satisfacciones le produjeron en su vida; convirtiéndose cada viaje en una odisea por las múltiples hazañas y acontecimientos que le sucedieron durante sus salidas en el afán de comercializar tabaco para el cigarro mapacho, y aprovechar también a su retorno la caza de algunos animales para el preciado mitayo, consistente en carnes de sajino, venado, sachavaca, y más, las que conseguía gracias a la gran habilidad de cazador que poseía. Los pobladores de Tarapoto lo llamaban “Fransho Barba” porque su nombre era Francisco y de esa manera se apocopaba en el lenguaje coloquial de la zona; “Barba” por lo abundante de la misma, que apenas dejaba ver sus ojos.

Cuando realizaba estos viajes lo hacía siempre acompañado de dos personas, Nico Paima y Remínden Sánchez, hombres muy dotados físicamente, con todos los atributos para transportar las pesadas cargas que no tenían que sobrepasar los cuarenta kilos. La ruta principal para cualquier viajero o expedicionario era por camino de herradura, subiendo las faldas del cerro Escalera. Se dirigían previamente al poblado que hoy es el distrito de San Antonio de Cumbaza, lugar donde necesariamente se hacía un alto para ingerir algunos alimentos, recobrar energías y continuar frescos la escalada del majestuoso cerro, ya que a decir verdad, allí recién se iniciaba la travesía. Mi abuelo hacía esta ruta llevando mazos de tabaco para comercializarlos en la ciudad de Yurimaguas; a su retorno a Tarapoto establecía su campamento con el afán cazar animales para el sustento familiar y llegar con algo que compartir con la familia.

El viaje por esta ruta duraba de dos a tres días, dependiendo de la carga que llevaban, de las inclemencias del tiempo o de cualquier situación fortuita que pudiera presentarse durante la travesía. El cansancio era agotador por el calor debido a lo empinado que resultaba escalar y bajar el cerro hasta alcanzar la llanura amazónica. Sorteando a cada momento los peligros propios de la zona, como son las temibles serpientes shushupe y cascabel, insectos venenosos, la aparición repentina de salvajes manadas de sajinos y huanganas o del feroz tigre otorongo, que por ese tiempo había en gran cantidad y los mismos que constituían un constante peligro, por lo que tenían que viajar con los cinco sentidos bien puestos para no ser sorprendidos por la aparición repentina, sorpresiva y astuta del temible e indomable felino otorongo de nuestra selva amazónica.

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