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Índice del libro

Al retornar a casa, los viajeros contaron lo sucedido a familiares y amigos, recomendándoles que si tenían que viajar por los caminos de la selva, lo hicieran teniendo en cuenta estos acontecimientos, para no sufrir situaciones como ésta; mientras tanto el abuelo “Fransho” siguió realizando muchos viajes más, asumiendo su compromiso con estos seres y viviendo al extremo otras aventuras.

Mario Ramírez García

Seudónimo: Marito

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El chullachaqui solterón

Oiga usted, nuestra Amazonia ha sido desde épocas inmemoriales un emporio de cuentos mitológicos debido a factores climatológicos, con impresionante biodiversidad, flora, fauna y llevada a la narrativa por personas hábiles en el uso de la palabra y manejo de la pluma. En su interior sobresalieron patriarcas, líderes convertidos en demonios que lograron inmortalizar su fama representados por el renaco, la lupuna, el ojé, y otros que más adelante haré mención.

Estos líderes, al morir, se erigieron como figuras extraordinarias y se recuerdan tal como nosotros recordamos los nombres y acciones de nuestros héroes que paulatinamente hicieron grande a nuestra patria.

Señor, en cierta ocasión oí decir a un veterano selvático, que el ojé, el renaco, la ayahuasca, el sanango, el chuchuhuasha, la lupuna y otros vegetales, representaban a demonios de mucha fama, a quienes la madre naturaleza les dio el derecho a seguir viviendo en la memoria y recuerdo de los seres humanos; por tanto, el chullachaqui es uno de ellos, el que pese a su antigüedad siempre es recordado en entretenidas charlas como elemento mitológico; aunque algunos montaraces, borrachitos y moshacos aseguran que al haberse encontrado con él tenía la apariencia de un amigo ya difunto.

Del chullachaqui se dice que era de escasa talla, que gustaba de costear bromas a las lavanderas que acudían al río, acequia o laguna portando bateas con ropa sucia, con las que se divertía a carcajadas arrojándoles piedritas al agua; escondía sus prendas de vestir o sus bateas, aprovechando las zambullidas que ellas se daban en las aguas; a veces hasta les caía cualquier objeto en la espalda, lo que les producía exagerados sustos, por lo que tenían que abandonar el lugar despavoridas.

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