Índice del libro
- Ojos de espanto en la oscuridad
- Las aventuras de Panguito
- El monte del chullachaqui
- El retrato
- Sordera
- Abicho y el legado del chullachaqui
- Chullachaqui y su pasado
- Crónica de un sueño mojado
- La Maldición
- El deseo del chullachaqui
- El buen roba niños
- La reina de los chullachaquis
- Chullachaqui, “hombrecillo misterioso”
- Paco y el chullachaqui
- Las Aventuras de José y Chullachaquito
- Chullachaqui amigo
- Por la ruta a Yurimaguas
- El chullachaqui solterón
- El chullachaqui chanchero
- La chacra del “Tío”
- Semblanza del chullachaqui
Al retornar a casa, los viajeros contaron lo sucedido a familiares y amigos, recomendándoles que si tenían que viajar por los caminos de la selva, lo hicieran teniendo en cuenta estos acontecimientos, para no sufrir situaciones como ésta; mientras tanto el abuelo “Fransho” siguió realizando muchos viajes más, asumiendo su compromiso con estos seres y viviendo al extremo otras aventuras.
Mario Ramírez García
Seudónimo: Marito
↑ Volver al índiceEl chullachaqui solterón
Oiga usted, nuestra Amazonia ha sido desde épocas inmemoriales un emporio de cuentos mitológicos debido a factores climatológicos, con impresionante biodiversidad, flora, fauna y llevada a la narrativa por personas hábiles en el uso de la palabra y manejo de la pluma. En su interior sobresalieron patriarcas, líderes convertidos en demonios que lograron inmortalizar su fama representados por el renaco, la lupuna, el ojé, y otros que más adelante haré mención.
Estos líderes, al morir, se erigieron como figuras extraordinarias y se recuerdan tal como nosotros recordamos los nombres y acciones de nuestros héroes que paulatinamente hicieron grande a nuestra patria.
Señor, en cierta ocasión oí decir a un veterano selvático, que el ojé, el renaco, la ayahuasca, el sanango, el chuchuhuasha, la lupuna y otros vegetales, representaban a demonios de mucha fama, a quienes la madre naturaleza les dio el derecho a seguir viviendo en la memoria y recuerdo de los seres humanos; por tanto, el chullachaqui es uno de ellos, el que pese a su antigüedad siempre es recordado en entretenidas charlas como elemento mitológico; aunque algunos montaraces, borrachitos y moshacos aseguran que al haberse encontrado con él tenía la apariencia de un amigo ya difunto.
Del chullachaqui se dice que era de escasa talla, que gustaba de costear bromas a las lavanderas que acudían al río, acequia o laguna portando bateas con ropa sucia, con las que se divertía a carcajadas arrojándoles piedritas al agua; escondía sus prendas de vestir o sus bateas, aprovechando las zambullidas que ellas se daban en las aguas; a veces hasta les caía cualquier objeto en la espalda, lo que les producía exagerados sustos, por lo que tenían que abandonar el lugar despavoridas.